Benjamín Palencia. «Tres figuras». 1934. Acuarela y tinta sobre papel. 43 x 60 cm
Benjamín Palencia
Barrax (España), 1894 - Madrid (España), 1980
«Tres figuras»
1934
Acuarela y tinta sobre papel
43 x 60 cm (76 x 93,5 cm)
Procedencia
- Galería Guillermo de Osma, Madrid.
Firmado y fechado en el margen inferior derecho: «B. Palencia / 34».
Descripción:
Esta obra forma parte de una serie de acuarelas que Palencia pintó en 1934, año en el que la obra del pintor muestra una profunda influencia de Picasso y, más concretamente, de los dibujos preparatorios de su cuadro «La crucifixión», de 1930 (fig. 1). Estos bocetos, realizados en 1927, se publicaron en la revista Cahiers d'Art ese mismo año, justo cuando Palencia estaba en París. Las figuras de estos estudios, cuyas líneas sinuosas se alejan del rigor del cubismo y se acercan a una estética surrealista, muestran un claro paralelismo con las acuarelas y pinturas que creó este artista manchego en 1934 (figs. 2-5).
Ya en 1930, la obra de Palencia muestra claramente una estrecha relación con la vanguardia europea, sobre todo con la obra de Klee, Miró, Masson y, más tarde, Picasso. Tres años antes, en 1927, se había acercado por primera vez al surrealismo con la serie de ilustraciones para *Orilla de luz* (Tierra de luz), del poeta José María Hinojosa. Fue precisamente en 1930 cuando el pintor descubrió las pinturas rupestres del este de España, que se habían vuelto a publicar en la revista parisina de vanguardia *Cahiers d'Art*, y que se convertirían en una influencia clave para Palencia en esa época: revivió la figura y adoptó un cromatismo cálido y terroso que evocaba los materiales orgánicos de la pintura prehistórica, creando figuras metamórficas a medio camino entre lo vegetal, lo animal y lo mineral.
Palencia combinaría estas tres influencias, a su manera, en la serie de obras de 1934 a la que pertenece la acuarela que estamos analizando. Así, la esquematización y la distorsión de Picasso se combinan con un enfoque surrealista en imágenes de tonos tierra y ocre que tienen un marcado carácter arcaico en su temática: grupos de figuras desnudas, normalmente femeninas, en posturas plácidas que evocan la danza y la música en una especie de entorno natural arcádico. El legado del cubismo se nota en la variedad de perspectivas, pero estos planos de luz y sombra, al igual que los volúmenes anatómicos, están fragmentados y se relacionan entre sí de forma fluida y libre, casi onírica y, al mismo tiempo, claramente artística y experimental.
Poco después, con el estallido de la Guerra Civil en 1936, Palencia dejó prácticamente de pintar. Aunque no participó en la guerra, ya que nunca le llamaron a filas, el artista se recluyó en Madrid y no retomó del todo su actividad artística hasta después de la guerra, cuando se hizo evidente en su obra un giro radical hacia el realismo. Aunque en su obra de la posguerra todavía se pueden encontrar algunas obras concretas relacionadas con sus primeras experiencias vanguardistas, a partir de entonces Palencia se centraría en un lenguaje austero, basado en la poética del paisaje.
Paralelismos:
Fig. 1. Pablo Picasso. La crucifixión, 1930. Óleo sobre lienzo, 51,5 × 66,5 cm. Museo Nacional Picasso, París, n.º de inventario MP122.
Fig. 2. Benjamín Palencia. Sin título, 1934. Acuarela y grafito sobre papel, 40 × 57 cm. MNCARS, Madrid, inv. DE02003.
Fig. 3. Benjamín Palencia. Bailarines, 1934. Acuarela y tinta sobre papel, 28 × 35 cm. Subastas Segre, Madrid, 20 de septiembre de 2022, lote 364.
Fig. 4. Benjamín Palencia. Mujer, 1934. Acuarela y tinta sobre papel, 22 × 29 cm. Subastas Segre, Madrid, 24 de mayo de 2022, lote 378.
Fig. 5. Benjamín Palencia. Cifras, 1934. Óleo sobre lienzo, 94 × 74 cm. Museo de Albacete, n.º de inventario CE05487/1.
Biografía:
Benjamín Palencia (Barrax, 1894 – Madrid, 1980) fue una de las grandes figuras del arte español del siglo XX, fundamental para el desarrollo de la vanguardia como fundador de la Escuela de Vallecas y, más tarde, como renovador de la pintura paisajística castellana. Empezó su formación artística visitando el Museo del Prado de Madrid, donde se instaló en 1909. En esta etapa temprana de su vida, cuando aún era muy joven, Palencia entró en contacto con la poesía de vanguardia a través de Juan Ramón Jiménez, con quien publicó «Fuego y sentimiento» y «Niños». Durante esos años, solía ir a la Residencia de Estudiantes y asistía a la Academia Libre de Julio Moisés, donde conoció a Francisco Bores y a Salvador Dalí. En 1925, participó en la exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos que se celebró en el Palacio del Retiro de Madrid, y ese mismo año pasó una temporada en París. Allí compartió estudio con Pancho Cossio y se unió al círculo de su amigo Bores, entablando amistad con otros artistas afines, como Manuel Ángeles Ortiz...
Categoría
Década de 1930, Dibujos y acuarelas figurativos
MaterialesPapel, Tinta, Acuarela