Óleo sobre lienzo único del pintor catalán Juan de Palau.
Un cuadro muy bonito Con una factura absolutamente impresionista se representa el lago de Bañolas, ciudad especialmente querida por el autor, un entorno exterior en el que se utilizan los colores y la luz para captar la escena con gran vitalidad. La perspectiva en ángulo añade verosimilitud a la composición, con el paseo o embarcadero que se extiende sobre el agua y por el que pasea un pequeño grupo de personas. Estos temas de ocio eran habituales en el Impresionismo como excusa para mostrar un entorno natural en el que mostrar y captar la luz cambiante.
En el centro del cuadro aparece un velero blanco, cuya forma destaca por los tonos claros de su vela, que contrastan con los verdes y azules del agua y del paisaje circundante. Este barco añade una ligera sensación de dinamismo a la escena.
El pintor utiliza el pincel rápido y grueso, sobre todo en las zonas de vegetación y agua, para captar cómo incide la luz en cada elemento, creando un espectacular juego de luces y sombras (coloreadas) en el que nada es fruto del azar. Las hojas de los árboles y el agua se representan con toques de color sueltos y vibrantes, que transmiten la sensación de movimiento, y cómo la luz natural se filtra entre las ramas. Merece la pena destacar el reflejo del paseo y la vegetación en las tranquilas aguas del lago como muestra de la maestría del pintor.
El Impresionismo, nacido en Francia en el último tercio del siglo XIX, fue un movimiento artístico definido esencialmente a través de la pintura. Se caracterizó principalmente porque perseguía como máxima aspiración enlucir la luz de un momento concreto en las obras, para lo cual valía un pincel deslavazado, matérico y muy rápido. Gracias a los avances técnicos y científicos, que permitieron la creación de nuevos pigmentos, también se amplió el uso de los colores puros. Con ellos se consiguió una pureza y saturación de colores impensable hasta entonces. Los colores complementarios también se convirtieron en algo fundamental, junto con el tipo de pincel y la ausencia total de dibujo. Por esta misma razón, las sombras pasaron de incluir el negro en su composición a llamarse "sombras de color", mezclando colores complementarios para oscurecerlas sin necesidad del negro. Esto también ayudó a crear una mayor sensación de profundidad. Esta obra ejemplifica muchas de las características del estilo y el resultado aporta calma al espectador que contempla la escena.
Joan de Palau...
Categoría
Década de 1950 Español Moderno de mediados de siglo Vintage Juan Palau Muebles
MaterialesMadera, Madera dorada, Pintura